Nunca olvidaré a las personas que dejaron que un loco furioso reescribiera toda su personalidad y sistema de valores. Ver a la gente abandonar todo lo que alguna vez afirmó creer solo para alinearse y excusar el comportamiento más atroz será estudiado durante años por psicólogos e historiadores por igual. Donald Trump no es solo un político. Es una infección en el torrente sanguíneo de América, y el daño a nuestra alma nacional es catastrófico.