Uno de los mayores problemas que afligen a los jóvenes escritores es la creencia de que la escritura tiene que sonar elegante, que no puede sonar simplemente como el inglés hablado. De hecho, cuanto más suene como inglés hablado, mejor.
Afortunadamente, hay una solución fácil para este problema: mira cada oración y pregúntate si podrías imaginarte diciéndola a un amigo. ¿Comenzarías una oración con "además"? ¿No? Entonces no lo hagas en tu escritura tampoco.
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